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Un blog en el que aprender más sobre nosotros mismos y sobre cómo nos relacionamos con el mundo que nos rodea.

El descubrimiento de Mosi

Cómo se puede alcanzar la libertad gracias a la belleza

 

Ciervo Mosi bebiendo

 

 

 
En la isla de Circonia hay un río color plata. Nace en la montaña más alta y recorre toda la isla hasta llegar al mar. A mitad de camino, pasado el bosque, forma un tranquilo lago al que van a beber todos los animales. Entre ellos se encuentra Mosi, un ciervo de mediana edad que lleva toda la vida tomando agua plateada para almorzar y que no sospecha que está a punto de vivir algo que le cambiará para siempre.

 

Esa mañana Mosi llegó al lago tan temprano como cualquier otro día, estiró sus patas delanteras, las separó ligeramente e inclinó la cabeza. Al mismo tiempo una ardilla encontró un fantástico hueco para saciar su sed, casualmente debajo de la cabeza de un ciervo, pero eso era lo de menos.

 

Cuando Mosi la vio se quedó ensimismado porque nunca había visto una ardilla tan de cerca. Se fijó en su pequeño hocico, en las orejas puntiagudas y en la cola respingona. Un rayo de sol iluminaba su pelaje y originaba reflejos cobrizos. Nunca antes había experimentado lo asombroso que podía resultar un color. Ese rojo cobrizo le transmitía fuerza y entusiasmo. La sed ni la sentía. Acababa de descubrir el poder emocionante de los colores y no podía pensar en nada más.

 

Fue justo en ese momento en el que Mosi estaba tan entusiasmado cuando se dio cuenta de que el color cobrizo comenzaba a perderse. En su lugar iba apareciendo un espeso color gris que avanzaba por todo el pelaje. Aquello le devolvió a la realidad. El agua del lago estaba ejerciendo su efecto devastador.

 

Mosi sabía que todos los animales después de beber tenían un pelaje gris uniforme que les duraba hasta que se hacía de noche. Nunca le había importando pero claro, eso era antes de tomar conciencia de la belleza de los colores. Miró a su alrededor y vio a multitud de animales bebiendo del lago. Se estaban… envenenando.

 

Sintió ganas de gritarles que pararan. Quería decirles que se habían acostumbrado a hacer algo que no era bueno para ellos y que estaban renunciando a algo maravilloso que estaba a su alcance. En ese momento se dio cuenta de algo que le paralizó. Los movimientos de los animales al beber eran terriblemente mecánicos, casi robóticos, como si no tuvieran alma. Llevaban encima el paso de años y años repitiendo el mismo ritual y parecían completamente insensibles a cualquier estímulo de fuera. Se imaginó hablándoles y pensó que le ignorarían. Sintió pena y resignación. Ahora todo su entusiasmo parecía ridículo. ¿Cómo iba él a cambiar las cosas? Era preferible dejarlo todo tal y como estaba. Cerró los ojos, acercó el hocico al agua y bebió.

 

El agua plateada avanzaba implacable por su cuerpo mientras su mente se agitaba. Se agolpaban las imágenes en las que los habitantes de Circonia caminaban alegres y llenos de color. En una de ellas pudo verse a si mismo con un aspecto más activo y… libre. La imagen era tan vívida que parecía real pero él sabía que no lo era. Sintió una profunda tristeza por todos los habitantes de Circonia. Eran presos voluntarios de una realidad que no les hacía felices pero a la que no estaban dispuestos a renunciar. ¿Cuántos lo sabrían? Puede que decenas de animales ya hubieran tenido una experiencia como la suya y la hubieran ocultado, igual que él. Pensó en la vida que tenía por delante, en que podría haber sido emocionante y en que estaría formada por días grises. Lloró.

 

Mosi derramó sus lágrimas sobre el lago y al abrir los ojos encontró algo inesperado, su reflejo. Entre las aguas plateadas se había formado un pequeño espacio de agua cristalina en el que por primera vez pudo mirarse. Lo que encontró le hizo cambiar para siempre. Vio una imponente cornamenta que le transmitió valor, un ágil hocico listo para indagar, unos pequeños ojos llenos de sabiduría y un pelaje castaño que las aguas grises aún no habían llegado a conquistar. Era más grande y más fuerte de lo que había imaginado. Sintió una intensa emoción y llevó su hocico hasta su propio reflejo para acariciarlo. Entonces ocurrió el milagro.

 

El contacto del hocico con el agua cristalina despertó en Mosi un deseo muy profundo y que llevaba mucho tiempo dormido, el de la conquista de una libertad posible. Dentro de él se activó una fuerza que le impulsó a beber agua limpia con entusiasmo. Sentía que un abanico de emociones se abrían paso ensanchando su corazón y alimentando sus ganas de vivir. Cuanto más bebía más aumentaba la cantidad de agua transparente y más podía beber. Mosi nunca más sería el mismo, ni el lago tampoco.

 

Cuando se sintió saciado todo el agua del lago se había transformado ya en agua cristalina y su pelaje resplandecía con una luz inimaginable. Los animales que estaban a la orilla del lago encontraron a sus pies su propio reflejo. Algunos se asustaron y corrieron río arriba desesperados por dar con agua plateada. Otros muchos se quedaron y empezaron a beber. Se habían encontrado con la oportunidad de ser más felices abrazando la libertad y esta vez no estaban dispuestos a dejarlo pasar. El agua cristalina fue transformando a cada uno de los animales que la bebía, haciendo resplandecer sus verdaderos colores.

 

Aparecieron las risas, los juegos y los baños. Ninguno recordaba haber sentido nunca antes una felicidad así. Mosi disfrutaba intensamente. Las imágenes paradisíacas que en su momento le provocaron dolor por parecer inalcanzables ahora le causaban la inmensa alegría de haberse convertido en realidad. Su sensibilidad había hecho posible que una mañana cualquiera y de una forma inesperada despertaran a una nueva realidad.

 

La isla de Circonia había cambiado para siempre.

 

 

 Cuentos con mensaje

 Apreciar la belleza nos hace más felices

Autor: Elena Montero

elenamontero

 @sentidopsicologia.com

 Psicologo online

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